
¿Es cosa mía o la Semana Santa se está poniendo un poco rarita? Que la gente ha cruzado por donde no debía no es nada nuevo, pero siempre lo han intentado en momentos donde había menos afluencia de penitentes, pidiendo disculpas, aunque fuera con … la boca chica, y más bien con el paso ligerito, para no molestar demasiado ni al cortejo, ni al personal de turno que haya tenido que empujar para salir por ese recoveco. Ahora lo hacen a voces con las manos encadenadas para pasar una ristra ingente de personas, que ya no hablo de gente joven, sino de familias enteras con la mascota incluida, que diles algo encima…Eso por aquí por casa, que si te vas por Despeñaperros «pa arriba» tenemos a la gachí esa de Aragón que pasó con carrito de la compra y todo en «to» la geta de un nazareno que andaba muy feliz con su trompeta y terminaron a «rempujones», manteniendo la eterna polémica de por dónde pasar cuando una calle está ocupada por una procesión. Luego están esos penitentes «hechos y derechos», de los que llevan pértigas y guiones, no los peques, totalmente «arriñonados» y agachados en mitad de la procesión (cuando esta para se entiende) dando una imagen de dejadez, a mi parecer siempre, y desidia nada bonita. Llamadme loca, pero eso antes no se veía; el que se cansaba se solía salir disimuladamente, o bien se iba, o bien le ponían «Reflex» y otra vez «pa» dentro, disimuladamente también. Y luego tenemos ese momento a lo «Pressing Catch» protagonizado por los dos cargadores de Las Siete Palabras en Cádiz, que, aunque puntual, no deja de ser relevante para el conjunto completo que está siendo esta «ida de pinza cofrade», más todas las pamplinas varias que se leen en RRSS: ateos vs creyentes, devotos vs posturitas y el omnipresente debate de las sillas y palcos con sus pros y contras que este año ha estado calentito en Sevilla, Córdoba y Málaga. En fin, lo solemne se va diluyendo poco a poco. Hay demasiada gente crispada.