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La sala Gruta 77, ubicada en Carabanchel, Madrid, celebra 25 años y ha recibido a más de un millón de asistentes desde su apertura en 2000.
Este local es un referente de la música punk, garage, ska y rockabilly, con más de 2.000 bandas y 5.000 conciertos celebrados en su escenario.
Gruta 77 destaca por su ambiente familiar y cercano, donde los asistentes pueden interactuar con los artistas y el propio dueño conoce a muchos clientes por su nombre.
Reconocida como Patrimonio Cultural de Madrid, Gruta 77 forma parte del tejido social y cultural del barrio junto a otros locales emblemáticos.
Madrid lleva, durante años, intentando dejar atrás su fama de ciudad de fiesta. O al menos, no ser reconocida y encasillada solo como una ciudad que gira en torno a su noche. Y es que cualquier persona que conozca la capital un poco a fondo sabe que es una urbe que también vive de su arte, de su belleza, de su modernidad, de su vanguardia y de su poder empresarial.
Sin embargo, como una cosa no quita la otra, Madrid no puede abandonar su carácter canalla y rompedor. Y es que las fiestas de Madrid son esos oasis de diversión y desenfreno en los que todo puede pasar. Pero más aún si elegimos para nuestra noche de liberación uno de los templos más potentes que la historia reciente de la capital ha construido.
Se trata de la sala Gruta 77, para muchos, un local que tiene alma propia. Un establecimiento que hace las veces de sala de conciertos, sala de fiesta y discoteca. En definitiva, un lugar en el que perder la noción del tiempo para centrarse solo en pasárselo bien y en dejarse llevar.

En los últimos años, Madrid ha construido una imagen de su ocio que también se ha alejado mucho de lo que era hace unas décadas. Y es que nada tiene que ver salir hoy en día a las discotecas más glamurosas, plagadas de música comercial, espejos y cócteles de nombres impronunciables con hacerlo en los 80 y los 90, cuando las salas estaban repletas de cuero y de un ambiente mucho más rockero y transgresor.
No obstante, aún hoy se puede recuperar ese sabor más clásico, más propio del Madrid ‘pureta’, alejado de las nuevas tendencias, que se degusta en templos como sala Gruta 77, una discoteca que ahora cumple 25 años celebrando haber dado la mejor fiesta de Madrid a más de un millón de asistentes durante todo este tiempo.
Un templo del Madrid auténtico
La sala Gruta 77 es una sala de fiestas y conciertos situada en el humilde barrio madrileño de Carabanchel. Ahora cumple 25 años en los que no ha dejado de llenar las noches de la capital con un estilo propio tan marcado como atrevido, apostando no solo por la música, sino también por el componente social, algo que no se puede separar de este templo del Madrid obrero.
Los géneros que han triunfado durante lustros son el punk, el garage, el ska o el rockabilly. Esta discoteca abrió sus puertas en septiembre del año 2000 y desde entonces han pasado por allí más de 2.000 bandas ofreciendo más de 5.000 conciertos, llegando a rozar el millón de personas que han disfrutado de su música y de su inigualable ambiente.
Tal y como recuerda El Asombrario, por su mítico escenario han pasado bandas como Mamá Ladilla, Bad Manners, Siniestro Total, The Damned, Burning, The Pretty Things o The Yardbirds. Un éxito que no solo ha llevado a algunos grupos a repetir en varias ocasiones sus apariciones, sino que ha llevado a muchos aficionados a dejarse llevar por su música una y otra vez.
Tanto es así que algunos asiduos a Gruta 77 han visto más de 100 conciertos allí como sucede con el caso de Ramiro Fernández, quien relata así sus noches en este mítico club: «Nos encanta por lo acogedor que es, casi familiar, por su sonido estupendo. El encanto de esta sala no lo tiene ninguna. Aquí interactúas con los artistas. Antes o después te tomas una cerveza con ellos».
Su caso es uno de tantos recogidos por El Asombrario que demuestran no solo el triunfo de esta sala, sino también el sentimiento de pertenencia que ha conseguido producir en las personas que han pasado por ella, sea una vez o varias. Y es que todo el que vive allí una noche de ensueño deja allí una pequeña parte de su alma para siempre.
Indio Zammit, fundador de Gruta 77, se siente muy identificado con la imagen que ha conseguido construir y proyectar de su negocio: «Gruta es afortunada porque tiene su propio público». Un dueño que se sabe el nombre de muchos de sus clientes, algo casi impensable en una sala de fiestas multitudinaria: «Ramiro, Eduardo, Dani, José Manuel con su pareja… Alguno viene a la cabina con el calendario de bolos de cada mes y me dice que le marque los conciertos que le recomiendo».
Tanto es así que incluso su fama ha superado a la de algunos de las grupos que allí muestran su música: «Mucha gente nos trata como si fuéramos una banda. Compra nuestra camiseta o nuestra chapa». Además, su dueño está orgulloso de mantener una línea uniforme con muchos locales del barrio, remando hacia una misma meta social y cultural.
La sala de teatro Tarambana, la Casa del Barrio, centros culturales como el García Lorca, el estudio de arte photoAlquimia, el centro social EKO, los restaurantes y locales de los Bajos de Opañel o bares con solera musical como Río y Sónico han ido construyendo durante años la identidad más íntima de Carabanchel.
Ellos han sostenido su cultura y no los nuevos promotores que hoy pretenden construirla desde cero ignorando el valor patrimonial que allí ha germinado y perdurado durante décadas.
Un proyecto cuyo éxito económico tardó en llegar y que contra todo pronóstico fue a partir de la pandemia cuando empezó a ver la luz de la verdadera bonanza. Y que no ha parado de vivir de sueños como el de intentar traer a Iggy Pop o el de ver tocar a estrellas como Marea. Además, su reconocimiento es total, ya que está incluida entre las 48 salas declaradas Patrimonio Cultural de Madrid.