Una de las discotecas más conocidas de Zaragoza levanta quejas de los vecinos: «Estamos con ataques de ansiedad»

Ansiedad, depresión o fatiga crónica son algunos de los efectos que causa no poder dormir. Algo que los vecinos del entorno del barrio del Gancho, en pleno Casco Histórico de Zaragoza, dicen sufrir desde hace más de un año y medio.

Así lo denuncian a este diario, señalando como causante de las molestias a la discoteca Oasis, una de las discotecas más conocidas de la ciudad. Según reclaman, el local ha intensificado hasta el extremo su actividad nocturna, hasta el punto que «las vibraciones se sienten en las casas».

El malestar ha derivado en una recogida de firmas entre los vecinos afectados y estudian emprender acciones legales conjuntas (respaldados por la asociación de Stop Ruido Zaragoza). Algunos ya han iniciado procedimientos judiciales para solicitar «medidas cautelares y posibles indemnizaciones por daños y perjuicios».

Luis, en la calle Mayor junto a uno de los locales de ocio nocturno de la zona.

«Nos van a acabar volviendo locos», asegura Marta (nombre ficticio porque así lo ha requerido la testigo). Así, además de las demandas judiciales, los vecinos reclaman una intervención más contundente por parte del Ayuntamiento de Zaragoza que «garantice el cumplimiento de la normativa acústica y urbanística en una zona residencial situada a escasos metros de enclaves emblemáticos como la iglesia de San Pablo o el entorno del Mercado Central».

La vecina denuncia que, desde que la discoteca pasó a nuevos gestores en junio del año pasado, la música y el ruido se prolonga «hasta altas horas de la madrugada».

«No está insonorizado, es un local antiguo que no está preparado para el tipo de fiestas que se celebran. Mucho menos para que se haga miércoles, jueves, viernes y sábados. Es un absoluto infierno», declara. Un intensivo calendario que «no da tiempo a que uno se recupere antes de que vuelva a empezar la fiesta», reclama.

Problemas de salud

De hecho, algunos vecinos aseguran haber sufrido consecuencias físicas y psicológicas derivadas del ruido continuado y las vibraciones provocadas por la música. Según relatan, varias personas se encuentran actualmente en tratamiento médico. En el caso de Marta, incluso fue necesaria la intervención de los servicios sanitarios de urgencia tras «un ataque de ansiedad este mismo miércoles».

Tal y como lo cuenta la zaragozana, acumula «decenas» de partes médicos, una cantidad que se asemeja a las multas por ruido que ha denunciado a la policía y que se suman al «centenar» de reportes que ha dejado a través de la web del Ayuntamiento de Zaragoza. Tanta es la desesperación de los vecinos de la zona que han llegado a trasladar el caso al Justicia de Aragón, «que ha abierto un expediente para estudiar la situación».

Las mediciones acústicas realizadas en algunos momentos de desesperación por los propios vecinos han dado resultado positivo. «Superan los niveles permitidos, aunque no nos valen de nada en un juicio», lamentan. Según explican, cuando se personan los agentes tras ser avisados por el vecindario «el volumen de la música suele reducirse de repente», apuntan, asegurando que ello «complica conseguir una prueba fiable».

Obras en paralelo a la actividad

Otro de los motivos de queja es que, por lo que han podido observar y oír, se están haciendo obras en el interior del local «sin cartelería informativa visible en el exterior». Los vecinos aseguran haber detectado la presencia de contenedores de escombros o incluso maquinaria (y el consiguiente ruido) durante el día. «Curiosamente desaparecen antes del inicio de eventos nocturnos», apuntan.

Consideran que, dada la antigüedad del edificio, «concebido originalmente como sala de variedades en los años 60», debería haberse priorizado la insonorización antes de ampliar o modificar el espacio para adaptarlo a un uso más intensivo como discoteca «y no ponerse ahora, después de un año durmiendo mal».