Valladolid se prepara para un viaje en el tiempo a épocas en las que “éramos felices”. En este caso no hace falta un DeLorean, basta con cruzar las puertas de la Feria de Valladolid el próximo 28 de febrero a las 17:30 horas.
Al recinto llega la Gira Supernoventeros de Kiss FM con artistas de primer nivel como Snap, Double You, Rozalla o Sensity World, Quizás los nombres no te digan nada, pero sus canciones, si eres de la generación EGB, seguro que las has bailado.
Allí, el ambiente olerá a nostalgia, a ‘tardeo’, que es lo que gusta ahora, y, sobre todo, a esa energía que solo la generación que creció entre El Cuadro, Campus, La Maraca o La Rosaleda sabe transmitir.

Entre tanto artista internacional del cartel, destaca los directores de orquesta de este reencuentro, dos pinchas (así se dice para esta generación) Jorge Montes y Eduardo Aguado, nombres que son instituciones en la noche pucelana y que han decidido «volver al ruedo» casi por accidente.
Lo que empezó como una idea puntual ha terminado convirtiéndose en un fenómeno que llena salas como Privé, Sutton o Molly Malone. Pipo confiesa con una sonrisa que la sensación del regreso es eléctrica: “Me tiemblan las canillas; parece que rejuveneces y vuelves a tener 15 años”. Y es que el éxito ha sido arrollador, superando ya las 2.600 entradas vendidas para el evento de Kiss FM.
Lo que empezó como un reencuentro nostálgico «a la tontería» ha terminado por desbordar todas las previsiones, obligándolos a adoptar un lema que sirve de titular para este reportaje: «Esto se nos va de las manos».

Ambos posando en la antigua entrada de Campus, que ahora es un edificio.
El regreso de Pipo y Preco ha sido una explosión que ha llenado locales y ha recuperado un feedback con el público que creían dormido. “El primer día decíamos: seguro que no viene nadie, y de repente te encuentras con 200 o 300 personas dándolo todo”, confiesa la pareja.
Ver a las mismas caras que frecuentaban sus sesiones hace décadas, ahora con algunas canas más pero con la misma sed de fiesta, ha sido el motor de este fenómeno.
Su vuelta ha demostrado que el «tardeo» no es solo una moda post-pandemia, sino la respuesta a una demanda real de una generación que no se siente identificada con el usar y tirar de la música actual y que necesitaba a sus referentes de nuevo frente a los platos para volver a sentirse, aunque sea por unas horas, los dueños de la tarde-noche vallisoletana.
La clave del éxito, según ellos, es la calidad y la autenticidad frente a lo efímero de la música actual. “Es calidad musical, ritmos pegadizos y esa nostalgia de épocas donde éramos muy felices”, explican.
Frente al reggaetón y el house que domina las pistas hoy, ellos apuestan por las versiones originales, esas que hacen que el público deje el móvil en el bolsillo para desgastar la suela del zapato. “Y eso es algo que ya no se ve en este tipo de eventos”, apunta Eduardo.
Hablar con Pipo y Preco es recorrer la geografía nocturna de un Valladolid que ya no existe, pero que sigue vivo en la memoria. Es recordar la Sala Charlot (hoy convertida en iglesia), el Tintín, Bagur, Asklepios o La Candelaria, donde Pipo dio sus primeros pasos entre vinilos.
Ellos forman la dupla perfecta. Pipo, de 47 años, representa a la franja de los 45 a 55 años. Su escuela fue el vinilo y la música inglesa de los 80. Mientras que Preco, con 43 años, conecta con los de 35 a 45 años. Empezó en el Campus y la Maraca, viviendo el apogeo del «Cuadro» antes de su declive en 2004.
“En El Cuadro se juntaba todo el mundo. Había libertad”, recuerda Eduardo. Era una época donde no se salía cada quince días, sino «jueves, viernes, sábado y domingo».
Una época de cuentas abiertas en El Corte Inglés para comprar los últimos discos y de peleas sanas por ser el primero en pinchar el éxito que acababa de llegar a tiendas míticas como Raza Records, como ambos recuerdan.
Para entender quiénes son Pipo y Preco, hay que bucear en la generación de El Cuadro. Pipo se curtió entre el vinilo y la «música inglesa» de los 80, aprendiendo el oficio casi por necesidad familiar: “Mis hermanos me llevaban a La Candelaria y me decían: ‘No des mucha guerra y súbete a la cabina con los pinchas’”.
Con apenas 15 años, ya comandaba las sesiones de tarde en la mítica Sala Charlot, pasando después por templos como Asklepios, Tintín, Bagur o incluso la lejana Atomium.
Por su parte, Eduardo (Preco) comenzó como relaciones públicas en el Campus antes de saltar a la cabina de la Maraca hace 27 años, para luego dejar su sello en locales como Mambo. Juntos, vivieron el auge y la caída de zonas que hoy son leyenda: “Vivimos el punto álgido del Poniente, el Campus y toda la calle Colmenares”, rememoran con orgullo, donde hoy, a las puertas de Campus, hacemos la foto para este reportaje.
Su sesión
Para su sesión del día 28, tienen preparada una selección de 100 canciones que son, más que temas, auténticos himnos a la noche vallisoletana. Aunque aceptan que la tecnología actual (controladoras, Spotify, efectos) facilita el trabajo, la esencia sigue siendo «sentir la música».
Serán los encargados de poner el broche final a la fiesta y lo harán con himnos. Carla, de Los Nadie, será el cierre oficial, “el himno oficial de Valladolid por excelencia”, afirma Pipo. Pero también estarán Chiquilla, que es la canción “comodín”, Ecuador, Insomnia, Freed from Desire, La Noche del Jaguar y también habrá tiempo para los lentos, algo que se está perdiendo con “Bailar Pegados”. Y ‘Héroe de Leyenda’, de Héroes del Silencio, que es como ellos se sienten ahora mismo, bromea Pipo

Cartel evento
“A una chica se le caían las lágrimas el otro día cuando pusimos un lento… me decía: ‘No me lo puedo creer, hace 30 años que no escuchaba esto’”, cuenta Pipo con emoción.
A pesar de sus trabajos y sus familias, sus hijos están «encantados de tener padres artistas», Pipo y Preco no ven el final de este camino. El formato de «tardeo» ha llegado para quedarse en Valladolid porque permite disfrutar sin trasnochar, o «trasluchar, como dicen en casa”, afirman.
Objetivo Plaza Mayor
Pero tienen un objetivo claro, un sueño que comparten todos los que vibraron en la antigua Rosaleda auténtica: “Nuestro objetivo es la Plaza Mayor y la zona de la Rosaleda, en el parque. Soñar es gratis y a veces los sueños se cumplen”.
Este resurgimiento de la nostalgia ha devuelto el brillo a las cabinas locales, pero también ha servido de balsa de rescate para muchos artistas que parecían haber quedado en el olvido. “A algunos se les ha rescatado de lo vivido”, reflexiona Eduardo, citando casos como el de Rebeca o Paco Pil, que ahora vuelven a llenar estadios en eventos donde el artista canta en directo mientras el DJ pincha el éxito original.
Para Pipo y Preco, esta escalada hacia el estrellato retro tuvo un punto de inflexión cinematográfico: su encuentro con Fernandisco. Lo que surgió casi como una sustitución de última hora en el Teatro Carrión se convirtió en una de las mejores anécdotas de su carrera. “Muchos DJs que llevan años pinchando no han conseguido lo que nosotros, compartir cartel con un grande como él, a quien yo veía en la tele de niño para aprender qué canciones poner”, explica Pipo.
Por ahora, el 28 de febrero, la Feria de Muestras será el epicentro de ese terremoto retro. Con artistas de la talla de Snap y Double You, y con Pipo y Preco a los mandos, Valladolid volverá a demostrar que la música de su generación no era de pachanga, era la banda sonora de su libertad.