«Me siento una afortunada, yo he podido volver»

Jesús Mejías

Paqui es una de las vecinas de Grazalema que tuvo que dejar su vivienda y marcharse del municipio a causa de las fuertes lluvias. Tras once días lejos de su casa, toca recuperar la normalidad poco a poco. Se considera una afortunada: «no me quejo», señala. A sus 46 años no recuerda un episodio como este. «Aquí ha llovido siempre mucho, pero tantos litros en tan poco tiempo nunca».

Paqui, vecina de Grazalema


Paqui, vecina de Grazalema.


(Antonio vÁZQUEZ)

Este lunes, al regresar a su vivienda, la encontró «llena de arena y barro», con la «solería rota en algunos tramos porque el agua la levantaba», aunque reconoce que «dentro de lo malo, no me quejo».

En su caso, «los muebles apenas se han estropeado» y el agua no llegó a niveles excesivos. «Donde sí llegó, hay más humedad», apunta. Junto a su casa, el almacén de un supermercado quedó completamente inundado. «Por la pared me salía un chorro de agua», relata.

Esta vecina de Grazalema se marchó a una finca en el campo junto a sus padres y dos hermanas. «He estado con mi familia, y fácil no ha sido, la verdad», aunque «puedo decir que he estado en mi casa», y no tuvo que marcharse hasta Ronda, como sí le ocurrió a otros vecinos. «He podido estar en mi hábitat», aunque afirma que «ha sido muy duro, porque yo me fui con las puertas abiertas y con los plomos bajados y no regresé hasta ayer, sin saber que iba a pasar, si esto se podía hundir», aunque «yo le tenía fe a la casa», pero «mi miedo también era que me había tenido que ir con las puertas abiertas».

A pesar de la resignación, la mejor receta para afrontar el desalojo fue aceptarlo. «Te tienes que conformar porque sino te vuelves loco».